domingo, 27 de noviembre de 2011

UN MENSAJE POR GEORGE CARLIN

UN MENSAJE POR GEORGE CARLIN

La paradoja de nuestro tiempo es que tenemos edificios más altos y temperamentos más reducidos, carreteras más anchas y puntos de vista más estrechos. Gastamos más pero tenemos menos, compramos más pero disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes y familias más chicas, mayores comodidades y menos tiempo. Tenemos más grados académicos pero menos sentido común, mayor conocimiento pero menor capacidad de juicio, más expertos pero más problemas, mejor medicina pero menor bienestar.

Bebemos demasiado, fumamos demasiado, despilfarramos demasiado, reimos muy poco, manejamos muy rápido, nos enojamos demasiado, nos desvelamos demasiado, 
amanecemos cansados, leemos muy poco, vemos demasiado televisión y oramos muy rara vez.

Hemos multiplicado nuestras posesiones pero reducido nuestros valores. Hablamos demasiado, amamos  poco y odiamos muy frecuentemente.

Hemos aprendido a ganarnos la vida, pero no a vivir. Añadimos años a nuestras vidas, no vida a nuestros años. Hemos logrado ir y volver de la luna, pero se nos dificulta cruzar la calle para conocer a un nuevo vecino. Conquistamos el espacio exterior, pero no el interior. Hemos hecho grandes cosas, pero no por ello mejores.

Hemos limpiado el aire, pero contaminamos nuestra alma. Conquistamos el átomo, pero no nuestros prejuicios. Escribimos más pero aprendemos menos. Planeamos más pero logramos menos. Hemos aprendido a apresurarnos, pero no a esperar. Producimos computadoras que pueden procesar mayor informacion y difundirla, pero nos comunicamos cada vez menos y menos.

Estos son tiempos de comidas rápidas y digestión lenta, de hombres de gran talla y cortedad de carácter, de enormes ganancias económicas y relaciones humanas superficiales. Hoy en día hay dos ingresos pero más divorcios, casas más lujosas pero hogares rotos. Son tiempos de viajes rápidos, pañales desechables, moral descartable, acostones de una noche, cuerpos obesos, y píldoras que hacen todo, desde alegrar y apaciguar, hasta matar. Son tiempos en que hay mucho en el escaparate y muy poco en la bodega. Tiempos en que la tecnología puede hacerte llegar esta carta, y en que tu puedes elegir compartir estas reflexiones o simplemente borrarlas.

Acuérdate de pasar algún tiempo con tus seres queridos porque ellos no estarán aqui siempre.


Acuérdate de abrazar a quien tienes cerca porque ese es el único tesoro que puedes dar con el corazón, sin que te cueste ni un centavo.

Acuérdate de decir te amo a tu pareja y a tus seres queridos, pero sobre todo dilo sinceramente. Un beso y un abrazo pueden reparar una herida cuando se dan con toda el alma.

Acuérdate de tomarte de la mano con tu ser querido y atesorar ese momento, porque un día esa persona ya no estará contigo.

Date tiempo para amar y para conversar, y comparte tus mas preciadas ideas.

Y siempre recuerda:

La vida no se mide por el número de veces que tomamos aliento, sino por los extraordinarios momentos que nos lo quitan.

por: George Carlin

El Elogio de la Lentitud

 
Vivir de prisa no es vivir, es sobrevivir”.

Carl Honoré, uno de los principales teóricos de la Filosofía Slow, famoso por su libro premiado Elogio de la Lentitud, sostiene que la hiperactividad actual nos lleva a dedicar nuestras energías a otras metas que nos hacen olvidar las cosas importantes de la vida. Sufrimos la Enfermedad del Tiempo creyendo que todo se debe hacer rápido. Intentemos decrecer el ritmo alocado en qué vivimos para no degradarnos nosotros mismos. Simplemente reduzcamos la marcha y busquemos el tiempo justo para cada cosa; saboreemos cada momento priorizando lo imprescindible.

Confianza, no condenación

Confianza, no condenación


Primera de Juan 3:20, 21 nos habla de la condenación en nuestro corazón. Un corazón que condena, roba la confianza. Todo el que quiera ser un cristiano victorioso, debe aprender a manejar la condenación. Cuando peca, él necesita saber cómo sacárselo rápidamente de encima y seguir adelante, porque nadie es perfecto. Él puede tener un corazón perfecto, un corazón que genuinamente ama a Dios y busca complacerlo, pero sigue no siendo perfecto en cada pensamiento, palabra y obra.
Yo sé cuán condenador es enseñar a otros lo que es correcto y luego meter la pata en esa misma área. Cuando hacemos cosas como ésa, sentimos una doble dosis de condenación, porque el diablo nos dice: “Tú más que el resto de la gente deberías saberlo bien”. Si le prestamos oídos, nos hará sentir que no merecemos el amor de Dios.
Debemos ser capaces de quitarnos de encima los sentimientos de condenación. Si no podemos hacerlo, no estamos confiando en Dios. Sin confianza, nuestra fe no puede obrar, y sin fe, no podemos agradar a Dios ni recibir de Él las cosas que necesitamos para hacer lo que nos ha llamado a hacer.
Es por eso que Proverbios 4:23 nos enseña a guardar nuestro corazón con toda diligencia y nos recuerda que de nuestro corazón fluye la vida. Dios nos da convicción de que hemos obrado mal; Él no nos condena. La convicción nos ayuda a arrepentirnos y a ser sacados de nuestros problemas; la condenación sólo nos empuja hacia abajo y nos hace sentir mal con nosotros mismos.
Romanos 8:33-34 dice que Dios nos justifica; Él no levanta cargos contra nosotros. Jesús no nos condena: Él murió por nosotros. Está sentado a la derecha del Padre, y, en realidad, alega e intercede por nosotros (vea Romanos 8:34). He aprendido de esta escritura que cuando me siento condenada, o me estoy haciendo caso a mí misma o al diablo. Sométase siempre a la convicción de Dios, pero resista la condenación de Satanás.
—Tomado de La Biblia de la vida diaria, de Joyce Meyer

La Gracia de Dios Y El Perdón

Donde no existe la gracia de Dios, nace la amargura.
Pero cuando se abraza la gracia de Dios, el perdón florece.

En la que muchos consideran la carta final de Pablo, este insta a Timoteo a que se esfuerce “en la gracia que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 2.1).

Cuánta percepción hay en esta última exhortación. Pablo no insta a Timoteo a esforzarse en la oración, ni en el estudio bíblico, ni en la benevolencia, vital como cada una de estas cosas pudiera ser.

Quiere que su hijo en la fe se especialice en la gracia. Anhela este territorio. Mora en esta verdad. Si se pierde algo, que no sea la gracia de Dios.

Cuanto más caminemos en el jardín, más se nos pegará el aroma de las flores. Cuanto más nos sumerjamos en la gracia, más daremos gracia. ¿Pudiera ser esta la clave para enfrentar la ira? ¿Pudiera ser que el secreto no es exigir el pago sino meditar en lo que tu Salvador pagó?

¿Rompe tu amigo sus promesas? ¿No hizo honor a sus palabras tu jefe? Lo lamento, pero antes de hacer algo, responde esta pregunta: ¿Cómo reacciona Dios cuando rompes las promesas que le haces?

¿Te han mentido? El engaño duele. Pero antes de que contraigas los puños, piensa: ¿Cómo respondió Dios cuando le mentiste?

¿Te han echado a un lado? ¿Te han olvidado? ¿Te han dejado atrás? El rechazo duele. Pero antes de desquitarte, sé franco contigo mismo. ¿Alguna vez has descuidado a Dios? ¿Has estado siempre atento a su voluntad? Ninguno lo ha estado. ¿Cómo reacciona Él cuando lo descuidas?

La clave para perdonar a otros es dejar de mirar lo que te hicieron y empezar a mirar lo que Dios hizo por ti.

Pero, Max, ¡eso no es justo! Alguien tiene que pagar por lo que este hombre me hizo. Estoy de acuerdo. Alguien debe pagar, y Alguien ya lo ha hecho.

No comprendes, Max, este hombre no merece gracia. No merece misericordia. No es digno de perdón. No digo que lo sea. Pero, ¿lo eres tú?

Además, ¿qué otra alternativa tienes? ¿Odio? La alternativa no es atractiva. Mira lo que ocurre cuando te niegas a perdonar:

“Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que debía” (Mateo 18.34).

Los siervos que no perdonan siempre acaban en prisión. Prisiones de ira, culpa y depresión. Dios no tiene que meternos en la cárcel; creamos una propia. “Hay quienes llegan a la muerte llenos de vigor, felices y tranquilos… Otros, en cambio, viven amargados y mueren sin haber probado la felicidad” (Job 21.23-25, VP).

Ah, el apretón gradual del odio. Su daño empieza como una rajadura en el parabrisas. Gracias a un camión que corría a toda velocidad por una carretera de grava, mi parabrisas sufrió un deterioro.

Con el tiempo la muesca se hizo una rajadura y esta se convirtió en una serpenteante fisura. Pronto, el parabrisas era una telaraña de fragmentos. No podía conducir mi automóvil sin pensar en el tonto que condujo su camión demasiado rápido.

Aun cuando nunca pude verlo, podía describirlo. Sin duda es un vagabundo insensible que le es infiel a la esposa, conduce con una decena de cervezas en su asiento y sube el volumen del televisor tan alto que los vecinos no pueden dormir. Su descuido bloqueó mi visión. (Tampoco hizo gran cosa por mi vista fuera del parabrisas).

¿Has oído alguna vez la expresión “ira ciega”?
Permíteme ser muy claro. El odio te amargará la perspectiva y te romperá la espalda. La amargura es una carga sencillamente demasiado pesada. Las rodillas se doblarán por el esfuerzo y el corazón se romperá bajo el peso.

La montaña que tienes delante es ya bastante empinada sin el peso del odio en la espalda. La alternativa más sabia, la única alternativa, es que deseches la ira. Jamás te llamarán a que des a nadie más gracia de la que Dios ya te ha dado.

Durante la Segunda Guerra Mundial un soldado alemán se lanzó a un cráter de mortero fuera del camino. Allí encontró a un enemigo herido. El soldado caído estaba empapado en sangre y a minutos de la muerte.

Conmovido por la suerte del hombre, el alemán le ofreció agua. Mediante esta pequeña bondad se formó un vínculo. El moribundo señaló el bolsillo de su camisa; el alemán sacó de allí una billetera y de esta unos retratos de familia. Los sostuvo frente al herido para que este pudiera contemplar a sus seres queridos por última vez.

Con las balas silbando por encima de sus cabezas y la guerra rugiendo a su alrededor, estos dos enemigos fueron, por unos momentos, amigos.

¿Qué ocurrió en ese cráter de mortero? ¿Cesó todo el mal? ¿Se arreglaron todas las ofensas? No. Lo que ocurrió fue simplemente esto: Dos enemigos se vieron cada uno como humanos necesitados. Esto es perdón.

El perdón empieza al elevarse por encima de la guerra, al mirar más allá del uniforme y al decidir ver al otro, no como un enemigo y ni siquiera como amigo, sino solo como un compañero de luchas que anhela llegar seguro a casa.

Tomado del libro: En manos de la gracia

Por: Max Lucado

El Perdón

♡●•٠·٠·˙˙·٠•●♡ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ El Perdón˙·٠•●♡ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ♡●•٠·˙˙·٠•●♡ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ♡●•٠·٠·˙˙·٠•● 

♡●•٠·٠·˙˙·٠•●♡ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ "Puedo perdonar, pero no olvidar'', es sólo otra forma de decir, "No puedo perdonar.''●♡Henry Ward Beecher˙·٠•●♡ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ♡●•٠·˙˙·٠•●♡ Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄

sábado, 26 de noviembre de 2011

Desde El Corazón Del Padre

Olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
Filipenses 3:13-14 RV
Los “si sólo”  de la vida nos frecuentan, ¿verdad? Y todos los tenemos.
Si sólo yo hubiera dado vuelta a la derecha en vez de a la  izquierda.
Si sólo yo hubiera dicho sí en vez de no.
Si sólo yo hubiera sido más bueno…valiente…sabio.
Pero a pesar de que tenemos esos “si sólo”, ninguno de nosotros logramos un “volver a hacerlo”.  Lo que está en el pasado  está en el pasado, y aunque tal vez tengamos que pedir disculpas o tratar de corregir  lo que hicimos incorrecto, no podemos cambiar nuestras opciones originales.
Yo consideraba algunos de mis propios “si sólo”  esta mañana cuando Dios dijo, “Dámelos — todos tus “si sólo”  y entonces podré usarlos para realizar Mis objetivos.”
Wow. No había pensado en esto antes. Entendí que aferrándome  a y contemplando  extensamente mis “si sólo”  era autodestructivo, pero no se me había ocurrido que yo impedía a Dios redimirlos como sólo Él puede hacerlo.
Muerte, divorcio, enfermedad,  desafíos financieros o de salud — todos ellos llevan el potencial de “si sólo”, y una vez que las opciones se toman, no podemos cambiarlas. Pero podemos decidir soltarlas,  admitir nuestra inhabilidad de corregirlas  y dárselas  a Dios, quien se mantiene en  espera — Sus manos-con-cicatrices-de-clavos  extendidas — para tomarlas de nosotros y traer el  bien del mal, y sanidad  del dolor.
Este es el tiempo para olvidar las cosas que quedaron atrás y proseguir  avanzando  al “llamado de Dios en Cristo Jesús.” Por favor únete  a mí para responder a esa llamada hoy.
***
Forgetting those things which are behind and reaching forward to those things which are ahead, I press toward the goal for the prize of the upward call of God in Christ Jesus (Philippians 3:13-14, NKJV).
The “if-onlys” of life haunt us, don’t they? And we all have them.
If only I’d turned right instead of left….
If only I’d said yes instead of no….
If only I’d been kinder…braver…wiser….
But despite the fact that we all have “if-onlys,” none of us gets a “do-over.” What’s past is past, and though we may need to apologize or try to set right what we did wrong, we cannot change our original choices.
I was pondering some of my own “if-onlys” this morning when God said, “Give them to me—all your ‘if-onlys’—and then I can use them to fulfill My purposes.”
Wow. I hadn’t thought of that before. I understood that holding on to and dwelling on my “if-onlys” was self-destructive, but it hadn’t occurred to me that I was preventing God from redeeming them as only He can.
Death, divorce, illness, financial or health challenges—they all carry the potential of “if-onlys,” and once the choices are made, we can’t change them. But we can choose to turn loose of them, to admit our inability to fix them and hand them over to God, who stands waiting—His nail-scarred hands outstretched—to take them from us and bring good out of evil, healing from pain.
It’s time to forget the things that are behind and press forward to the “upward call of God in Christ Jesus.” Please join me in answering that call today.
Kathi Macias, popular speaker and prolific author, is an Angel-award winning writer who has published nearly thirty books, including her latest releases, Mothers of the Bible Speak to Mothers of Today (New Hope Publishers) and My Son John (a novel from Sheaf House). Whether keyboarding her latest book, keynoting a conference, or riding on the back of her husband's Harley, Kathi "Easy Writer" Macias is a lady on a mission to communicate God's vision. Her insightful words—filled with passion, humor and soul nourishment—refresh audiences from all walks of life. Join Kathi as she hosts "Write the Vision" every Thursday from 6—7 p.m. (Pacific Time) via THE International Christian Network (www.theicn.com). To learn more about Kathi or to book her for your next event, visit www.KathiMacias.com. Spanish translations by Cynthia Alcantara (cynthia.alcantara1@gmail.com).
 

Fe es Resultado

Fe es Resultado


Durante muchos años la religión nos enseñó equivocadamente que dar testimonio era portarse bien, no decir malas palabras, sonreír ante una muerte y decir: “no importa, está con Dios”; pero eso no es testimonio. Testimonio, en la Biblia, es que le muestres al mundo que tu fe conquistó los imposibles. ¡Hay una fe que conquista!
Muchas veces cuando hablamos contamos lo que Dios hizo por nosotros: “Dios me sacó de la droga”, “Dios me prosperó”, “Dios arregló mi familia”, “Dios me dio trabajo”. Pero Hebreos 11 no es un relato de lo que Dios hizo por la gente sino de lo que la gente hizo por Dios. Se puede contar lo que Dios hizo por uno, o lo que uno conquistó para Dios.
Por la fe, Abel ofreció más excelentemente sacrificio que Caín. Excelencia es resultado de tu fe; siempre que hay excelencia es porque hay fe; cada vez que hay fe vas a traer excelencia. Si no estás en el camino de la excelencia es porque hay un potencial dentro tuyo dormido, que está apagado. Es tiempo de descubrir qué es lo que te apasiona. Excelencia es el resultado de la fe. Perfeccionismo es una meta que dificultará tus avances; excelencia es un camino, es un hábito, es un estilo de vida.
Excelencia es ser cada día mejor; es poder mirar tu vida espiritual y decir: “he crecido intensamente en los últimos seis meses”, es poder mirar hacia atrás y decir: “estoy más próspero”, “más bendecido”, “hoy estoy mejor en mi familia”, “mejor en mi salud”. El aprendizaje continuo es la llave de tu éxito. Mientras más aprendemos, más podremos aprender y más podremos desechar lo que no nos sirve. Alimentá tu intelecto y tu espíritu para poder avanzar. Sólo si te formás cada día lograrás llegar. El secreto es aprender bien y siempre.
Entramos en el camino de la excelencia cuando descubrimos las cosas que nos apasionan. Sé excelente, no perfeccionista. Excelencia es descubrir lo que te gusta. ¿Cuándo entramos en el camino de la excelencia?: cuando descubrimos las cosas que nos apasionan. El lugar donde hoy te encontrás es el lugar de tu proceso y de tu preparación para llegar al lugar de tu propósito.
El profeta Daniel oraba tres veces por día. En una ocasión, el rey lo mandó matar porque había ordenado que nadie podía orarle al Dios de Israel pero Daniel se rehusó a hacerlo y siguió orando. Daniel tenía hábitos de excelencia (venir a la reunión, escuchar cd, leer la Palabra, llegar quince minutos antes de la actividad que tenés que realizar, irte último). Hábitos de excelencia que te van a traer resultados.
Esforzate y sé valiente y te vas a dar cuenta de que cuando empieces a moverte, todo lo que hagas va a tener resultados extraordinarios. Las mejores conquistas y los mejores resultados te están esperando. Dentro tuyo hay una fe que te va a llevar a lograr cosas grandes, te va a traer resultados para que en cada reunión que asistas digas: “Señor acá está lo que yo te entrego a vos como resultado de mi fe”.
Extracto del libro “60 Principios de Fe”
Por Bernardo Stamateas

Buenos Días

 Hoy mi corazón está lleno de gratitud. Gracias, Señor, porque tus "no" son una protección y tus "sí" son una bendición ...