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domingo, 15 de enero de 2012
Perseverancia ...
El dicho antiguo es tan cierto hoy como lo fue cuando se dijo por primera vez: "La vida es un maratón, no una carrerita." La vida, ciertamente, requiere perseverancia, por lo que los viajeros sabios seleccionan un compañero de viaje que nunca se cansa ni titubea. El compañero, por supuesto, es Dios. ¿Te encuentras cansado? Pide a Dios fortaleza. ¿Estás frustrado? Cree en sus promesas. ¿Estás derrotado? Ora como si todo dependiera de Dios, y trabaja como si todo dependiera de tí. Con la ayuda de Dios, puedes perseverar ... y tú lo harás.
Por medio de la perseverancia el caracol llegó al arca.
Charles Spurgeon
"No nos cansemos, pues, de hacer bien;
porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos"
Gálatas 6:9
miércoles, 14 de diciembre de 2011
La oscuridad se esclarecerá como el día
Sucederá que al caer la tarde habrá
luz.
luz.
Zacarías 14:7
Esto es sorprendente, porque todo indica
que, al atardecer, oscurece. Dios acostumbra a obrar de un modo
tan distinto a como obramos nosotros, tan por encima de nuestros
temores y esperanzas, que nos quedamos sorprendidos y
obligados a adorar su gracia soberana. No acontecerá con nosotros
según los augurios de nuestro corazón: la oscuridad no llegará
a ser como la noche, sino que repentinamente se esclarecerá
como el día. Nunca desmayemos. En los tiempos más adversos,
confiemos en el Señor, porque Él cambia la oscuridad de la
muerte en la claridad de la mañana. Cuando el trabajo de fabricar
ladrillos se dobló entonces es cuando apareció Moisés, y cuando
abunda la tribulación, es señal de que nos acercamos al final.
Esta promesa debe ayudarnos a ser pacientes.
Tal vez la luz no amanecerá del todo hasta que nuestras esperanzas
estén totalmente agotadas esperando todo el día en vano.
Para el impío el sol se pone cuando aún es de día; para el
justo se levanta cuando casi es de noche. ¿No podemos esperar
con paciencia aquella luz divina, que tal vez tarde en llegar, pero
que es digna de ser esperada?
Y ahora, alma mía, acepta esta palabra y canta al que te bendecirá en vida y en muerte, de modo que sobrepujará todo lo que tú has visto y esperado en tus mejores días.
que, al atardecer, oscurece. Dios acostumbra a obrar de un modo
tan distinto a como obramos nosotros, tan por encima de nuestros
temores y esperanzas, que nos quedamos sorprendidos y
obligados a adorar su gracia soberana. No acontecerá con nosotros
según los augurios de nuestro corazón: la oscuridad no llegará
a ser como la noche, sino que repentinamente se esclarecerá
como el día. Nunca desmayemos. En los tiempos más adversos,
confiemos en el Señor, porque Él cambia la oscuridad de la
muerte en la claridad de la mañana. Cuando el trabajo de fabricar
ladrillos se dobló entonces es cuando apareció Moisés, y cuando
abunda la tribulación, es señal de que nos acercamos al final.
Esta promesa debe ayudarnos a ser pacientes.
Tal vez la luz no amanecerá del todo hasta que nuestras esperanzas
estén totalmente agotadas esperando todo el día en vano.
Para el impío el sol se pone cuando aún es de día; para el
justo se levanta cuando casi es de noche. ¿No podemos esperar
con paciencia aquella luz divina, que tal vez tarde en llegar, pero
que es digna de ser esperada?
Y ahora, alma mía, acepta esta palabra y canta al que te bendecirá en vida y en muerte, de modo que sobrepujará todo lo que tú has visto y esperado en tus mejores días.
por Charles Spurgeon
del banco de la fe
viernes, 9 de diciembre de 2011
Yo soy tu Dios que te esfuerzo
Yo soy tu Dios que te esfuerzo.
Isaías 41:10
Cuando somos invitados al servicio de Dios
o al sufrimiento, medimos nuestras fuerzas y vemos que son
menores de lo que juzgábamos y que no están en proporción
con nuestras necesidades. Empero no nos dejemos llevar del
abatimiento mientras podamos apoyarnos en una promesa que
nos asegura todo aquello de que tenemos necesidad. La fuerza
de Dios es omnipotente, y esa fuerza puede comunicárnosla, así
lo ha prometido. Él será alimento de nuestras almas y salud de
nuestros corazones; por tanto, Él nos fortalecerá. No es posible
ponderar cuán grande sea el poder que Dios puede infundir en
el hombre. Cuando llena el poder divino, la debilidad humana
deja de ser un obstáculo.
¿No recordamos aquellos tiempos de dolor
y prueba en que recibimos una fuerza tan especial que nos maravillamos
de nosotros mismos? En el peligro, tuvimos calma;
en el dolor de haber perdido seres queridos, permanecimos resignados;
en la calumnia, pudimos contener nuestro enojo; y en
la enfermedad, fuimos pacientes.
Dios, en efecto, nos comunicó una fuerza
insospechada ante las pruebas extraordinarias, de suerte que
pudimos levantarnos de nuestra flaqueza. Los cobardes se tornan
valientes, los insensatos se truecan en sabios, y a los mudos
se les inspira lo que han de hablar en aquella hora. Nuestra propia
debilidad nos atemoriza, mas la promesa de Dios nos infunde
valor. ¡Señor, fortifícame «según tu palabra»!
Isaías 41:10
Cuando somos invitados al servicio de Dios
o al sufrimiento, medimos nuestras fuerzas y vemos que son
menores de lo que juzgábamos y que no están en proporción
con nuestras necesidades. Empero no nos dejemos llevar del
abatimiento mientras podamos apoyarnos en una promesa que
nos asegura todo aquello de que tenemos necesidad. La fuerza
de Dios es omnipotente, y esa fuerza puede comunicárnosla, así
lo ha prometido. Él será alimento de nuestras almas y salud de
nuestros corazones; por tanto, Él nos fortalecerá. No es posible
ponderar cuán grande sea el poder que Dios puede infundir en
el hombre. Cuando llena el poder divino, la debilidad humana
deja de ser un obstáculo.
¿No recordamos aquellos tiempos de dolor
y prueba en que recibimos una fuerza tan especial que nos maravillamos
de nosotros mismos? En el peligro, tuvimos calma;
en el dolor de haber perdido seres queridos, permanecimos resignados;
en la calumnia, pudimos contener nuestro enojo; y en
la enfermedad, fuimos pacientes.
Dios, en efecto, nos comunicó una fuerza
insospechada ante las pruebas extraordinarias, de suerte que
pudimos levantarnos de nuestra flaqueza. Los cobardes se tornan
valientes, los insensatos se truecan en sabios, y a los mudos
se les inspira lo que han de hablar en aquella hora. Nuestra propia
debilidad nos atemoriza, mas la promesa de Dios nos infunde
valor. ¡Señor, fortifícame «según tu palabra»!
Hoy… El Señor Me Hará Bien
Hoy… El Señor Me Hará Bien
Y tú has dicho: Yo te haré bien. Génesis 32:12.
Esta es la manera cierta de vencer al Señor por la oración.
Podemos recordarle humildemente lo que Él ha dicho.
Nuestro Dios es fiel y jamás faltará a
su palabra, ni la dejará sin cumplimiento; sin embargo, le place que su
pueblo busque y le recuerde sus promesas; con ello le refresca la
memoria, fortalece la fe y renueva la esperanza.
Dios ha empeñado su palabra, no en provecho suyo, sino en el nuestro.
Sus designios son definitivos, y nadie
puede obligarle a que haga bien a su pueblo; empero nos ha hecho la
promesa para alentarnos y consolarnos.
Su deseo, por tanto, es que se la recordemos y digamos:
«Tú has dicho».
«Ciertamente Yo te haré bien», tal es la
esencia misma de las palabras del Señor. Toda la importancia está en el
término«ciertamente».
Él nos hará un bien verdadero, real, duradero, y nada más que bien.
Nos hará santos, y esto es hacernos bien en el más alto significado de la palabra.
Nos tratará como trata a sus elegidos mientras vivamos en la tierra, y esto es un bien por excelencia.
Pronto nos llevará con Jesús y con todos
sus escogidos; y esto es el bien supremo. Con tal promesa, no temamos
la cólera de Esaú, ni la de nadie.
Si el Señor nos hace bien, ¿quién podrá causarnos daño?
Hoy, es una tremenda oportunidad para ver el bien que Dios me hará bien. Y quiero compartir ese bien con otros.
Señor, Gracias por derramar tu bendición en mi vida. Te alabaré y adoraré por siempre. Amén.
Charles Spurgeon
Libro de Cheques del banco de la Fe
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Buenos Días
Hoy mi corazón está lleno de gratitud. Gracias, Señor, porque tus "no" son una protección y tus "sí" son una bendición ...



