Mostrando las entradas con la etiqueta Jorge Cota. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Jorge Cota. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de diciembre de 2011

¿Vivir una vida moral me llevará al cielo?

 

Mateo 5:20:  "Porque les digo a ustedes que si no superan a los maestros de la ley y a los fariseos en hacer lo que es justo ante Dios, nunca entrarán en el reino de los cielos".

¿Sabía usted que el 53% de las personas creen que se pueden ganar el cielo haciendo buenas obras? Ven a Dios como un gran contable que está encorvado escribiendo en una hoja todas las buenas y las malas obras que determinarán nuestro destino eterno.

Este tipo de pensamiento está lleno de problemas. Piénselo, ¿Dónde exactamente la línea de las buenas obras y las malas se traza? ¿Cuántas buenas obras son necesarias para aprobar? ¿Cuántas buenas obras son necesarias para borrar una mala? ¿Diez palabras amables remplazarán un mal pensamiento? ¿Y qué si usted pierde el corte por una? Imagínese usted a Dios diciéndole, "Lo siento mucho José pero has perdido por una de manera que te tendrás que ir al infierno".

Aun cuando este concepto es fundamentalmente falible; es la razón principal del porqué las personas no siguen a Jesús. Porque es muy difícil para ellos ver su necesidad. Es por eso que es imprescindible que usted vea su necesidad.

Lo que sucede es que tendemos a sobrestimar la justicia relativa y subestimar la santidad absoluta de Dios. De hecho, siempre ha sido difícil para los más sabios e inteligentes ver su necesidad. Cuando usted está en el fondo del montón es más fácil mirar hacia arriba. Cuando está en la cárcel es más fácil admitir su necesidad. Cuando ha destruido a su familia a causa del alcoholismo, es más fácil buscar a Dios. Pero cuando usted está entre los mejores y los más sabios es muy difícil ver su necesidad. El problema es que todos pensamos que estamos ahí.

Así que permítame ver si puedo aumentar el nivel de nuestra necesidad. Necesitamos ir mas allá de la justicia relativa pero si usted necesita compararse con la justicia relativa. Si usted quiere creer que con tan solo vivir una vida moral se irá al cielo. Vea lo que dijo Jesús en Mateo 5:20,
"Porque les digo a ustedes que si no superan a los maestros de la ley y a los fariseos en hacer lo que es justo ante Dios, nunca entrarán en el reino de los cielos".

Yo le puedo asegurar que las personas que escucharon esas palabras dijeron "¡Ay Caray!" Esta fue una declaración asombrosa porque los fariseos eran los superestrellas espirituales de aquella época. Se memorizaban todo el Antiguo Testamento. Iban al templo o la sinagoga tres veces al día. Se detenían a orar siete veces al día. Diezmaban fielmente al tesoro del templo y sin embargo, Jesús dijo, "Si quieren irse al cielo, tendrán que ser mejores que ellos."

Quizás esté pensando; entonces ¿Qué es lo que Dios espera de mí? Dios espera que usted sea perfecto. Jesús dijo, "Sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto." (Mateo 5:48)

Como puede ver, el estándar es la perfección, no las buenas obras que uno haga. De manera que si el estándar es la perfección ¿Cómo haría delante de Dios? ¿Ve usted un problema? ¿Ve su necesidad?

Es por eso que es absurdo pensar que con tan solo vivir una vida moral, y no hacerle daño a nadie, hacer obras de caridad le garantizará un lugar en el cielo. Las personas que piensan así, están sinceramente equivocadas. La salvación es un regalo, no la puede comprar ni mantenerla haciendo buenas obras, yendo a la iglesia todos los domingos, o portándose bien.

Dios no perdona pretextos, perdona pecados. No importa que tan moral viva su vida, si no tiene a Jesús en su corazón; las buenas intenciones por más buenas que sean son buenas para nada.

por Jorge Cota

Perdonar es Esencial


 En vez de eso, sean bondadosos y misericordiosos, y perdónense unos a otros, así como también Dios los perdonó a ustedes en Cristo. Efesios 4:32 (RVC)

Existe una necesidad básica en lo profundo de nuestro ser para la reconciliación en vez del resentimiento.

El escritor norteamericano Ernest Hemingway escribió la historia de un padre Español que por fin decidió reconciliarse con su hijo; éste se había ido de su casa a la ciudad de Madrid. Como no sabía dónde encontrarlo su padre publicó un anuncio en el periódico El liberal. El anuncio leía lo siguiente: Paco, encontrémonos en el hotel Montana a las 12 del mediodía el próximo martes. Todo ha sido perdonado y olvidado. Firmado, Papá.

Si usted no está muy bien familiarizado con la cultura española. En España Paco es un nombre muy común, y al próximo martes cuando el padre fue al hotel Montana a buscar a su hijo se encontró a 800 jóvenes que se llamaban Paco y cada uno estaba esperando a su padre.

Hay algo en nosotros que anhela reconciliarse con aquellos que nos han ofendido. Dios no nos diseñados para la amargura. Debemos recordar que el perdón es esencial para los que ofenden.

Un fin de semana de Octubre de 1982, Kevin Tunnell, un joven de 17 años, estuvo involucrado en un accidente de transito. Tomó una decisión bastante estúpida. Decidió conducir y tomar al mismo tiempo. Chocó con otro auto matando al conductor; una jovencita de 18 años.

Kevin fue condenado por homicidio involuntario y por conducir bajo el estado de ebriedad. Pagó su sentencia en prisión. Inclusive, cuando salió de la cárcel, invirtió siete años haciendo campaña en contra de los conductores embriagados. Kevin estaba completamente arrepentido por la decisión tonta que había tomado.

La familia de la muchacha lo demandó por 1.5 millones de dólares, pero se conformaron con $936 dólares y que pagara un dólar a la vez, cada viernes por los próximos 18 años. El dinero no era el caso. La familia quería que fuera un recordatorio semanal para Kevin del día en que murió su hija.

En cuatro ocasiones los padres de la muchacha llevaron a Kevin a corte porque no pagaba ese dólar—y no es que Kevin no quería pagarles. Era ese maldito recordatorio semanal de la muerte de la muchacha lo que lo atormenta. Kevin les ofreció una caja con 936 cheques de un dólar, para que los cambiaran cada semana. Pero los padres se negaron. No era el dinero lo que los padres querían, lo que ellos querían era que Kevin sintiera excesiva tristeza. De hecho, Kevin pasó 30 días en la cárcel por no pagar ese dólar un viernes.

Ahora bien, ninguno de nosotros cuestionaría el coraje y la rabia de los padres por haber perdido a su hija. Pero la pregunta que nos debemos plantear es la siguiente: ¿Qué tanto es suficiente? ¿Serán suficientes 936 pagos de un dólar? ¿Cuando el último pago llegue, les traerá paz a los padres? Lo dudo. Lo dudo porque el perdón no solamente es esencial para los que ofenden sino también para los ofendidos.

Cuando no queremos perdonar envenenamos nuestro corazón y nuestra mente con la amargura. La amargura y el resentimiento son dañinos para la salud. Es la contaminación del alma lo que amargará su vida. Y si puede, lo deformará, y lo peor, lo destruirá, pero en ambos casos lo dejará inmóvil.

Es la amargura de nuestro orgullo lo que nos impide perdonar a los demás. Pensamos que ya basta con que nos traten de esa manera. El orgullo promueve un espíritu vengativo. El orgullo dice, "Nunca te perdonaré lo que me hiciste".

Si quiere ser libre y hacer libre a aquellas personas que lo han ofendido de una vez por todas. Recuerde que perdonar no es una opción, es esencial. Debemos estar dispuestos a seguir perdonando todas las injusticias.

por Jorge Cota

Buenos Días

 Hoy mi corazón está lleno de gratitud. Gracias, Señor, porque tus "no" son una protección y tus "sí" son una bendición ...