sábado, 17 de diciembre de 2011

Algo Grande Vendrá / Jose Luis Reyes

Extiende tus manos para recibir lo que ha de venir
Escucha el llamado que algo se acerca lo puedes sentir
Una palabra arde fuerte en ti desafiándote
A ensanchar tu lugar porque pronto crecerás.
Algo grande viene para ti has creído fielmente y vas a recibir
La victoria que ha de venir nada te impedirá levantarte volar
Más allá Y tomar el lugar donde Dios te pondrá y verás que es
Realidad si Dios prometió El lo hará
Algo grande vendrá.Observa este tiempo es cuando más fuerte
Dios quiere obrar El está buscando
Gente que anhele al mundo impactar
Esa palabra arde fuerte en ti desafiándote
a ensanchar tu lugar porque pronto crecerás crecerás
Algo grande viene para ti has creído fielmente
Y vas a recibir La victoria que ha de venir
Nada te impedirá levantarte volar mas allá
Y tomar el lugar donde Dios te pondrá y veras
que es realidad si Dios prometió El lo hará
Algo grande vendrá.
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viernes, 16 de diciembre de 2011

¿Deberían celebrar la Navidad los cristianos?






La Escritura no manda que los creyentes celebren la Navidad – no hay ciertos “días santos” que la iglesia debe observar. De hecho, la Navidad no fue observada como una fiesta hasta mucho después de la era bíblica. No fue hasta mediados del siglo quinto que la Navidad fue reconocida oficialmente.

Nosotros creemos que celebrar la Navidad no es una cuestión de bien o mal, ya que Romanos 14:5-6 nos provee la libertad de decidir si queremos observar estos días especiales o no:
“Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios” (Rom. 14:5-6).
De acuerdo a estos versículos, el cristiano puede elegir legítimamente cualquier día – incluyendo Navidad – como un día para el Señor. Nosotros creemos que la Navidad da a los creyentes una gran oportunidad de exaltar a Jesucristo.
Primero, la temporada de Navidad nos recuerda de grandes verdades de la encarnación. Recordar verdades importantes sobre Cristo y el Evangelio es un tema relevante en el Nuevo Testamento (1 Cor. 11:25; 2 Ped. 1:12-15; 2 Tes. 2:5). La Verdad necesita ser repetida porque puede ser olvidada fácilmente. Entonces, debemos celebrar la Navidad para conmemorar el nacimiento de Cristo y el maravilloso misterio de la Encarnación.
La Navidad también puede ser un tiempo de alabanza reverente. Los pastores glorificaron y alabaron a Dios por el nacimiento de Jesús, el Mesías. Se regocijaron cuando los ángeles proclamaron que en Belén había nacido el Salvador, Cristo el Señor (Lucas 2:11). El niño puesto en el pesebre ese día es nuestro Salvador, el “Señor de señores y Rey de reyes” (Mateo 1:21; Apoc. 17:14).
Finalmente, la gente tiende a ser más abierta al Evangelio durante la temporada de Navidad. Debemos aprovechar esto para testificarles de la gracia salvadora de Dios por medio de Jesucristo. La Navidad se trata del Mesías prometido, quien vino a salvar a Su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21). Esta fiesta nos provee una maravillosa oportunidad para compartir esta verdad.
Aunque nuestra sociedad ha reemplazado el mensaje de Navidad por lo material y el consumismo, así como tambien por mitos y tradiciones vanas, no debemos dejar que nos distraigan de apreciar el verdadero sentido de la Navidad. Aprovechemos esta oportunidad para acordarnos de Él, alabarle a Él y testificar fielmente de Él.

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Esperanza



Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca
decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi
porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los
que en él esperan, al alma que le busca.
LAMENTACIONES 3.22– 25


Es duro ver cómo envejecen las cosas. El pueblo en que me crié está envejeciendo
… Algunos de sus edificios tienen remiendos de madera. Algunas de las casas se
están cayendo … El viejo cine donde me citaba con las chicas tiene un letrero en la
marquesina que dice: «Se vende».
Quisiera poder renovarlo todo otra vez. Quisiera poder limpiar el polvo de las
calles… pero no puedo.
Yo no puedo. Pero Dios sí puede. «Él confortará mi alma», escribió el pastor. Él
no reforma; Él restaura. Él no disfraza lo viejo, sino restaura lo nuevo. El Maestro
Constructor sacará el plano original y lo restaurará. Restaurará el vigor. Restaurará
la energía. Restaurará la esperanza. Restaurará el alma.

por Max Lucado

Habilidad moral, habilidad natural y el nuevo nacimiento

 

Otro de los aspectos que hace difícil para muchos cristianos entender la doctrina bíblica de la elección es la diferencia que hay entre habilidad moral y habilidad natural. Los peces tienen la habilidad natural de vivir en el agua, y las aves de volar. El hombre no posee ninguna de las dos. Los hombres, en cambio, tenemos la habilidad natural de escoger. Tenemos el equipo necesario que nos capacita para hacer elecciones: una mente que procesa la información y una voluntad que nos mueve a decidir hacer lo que queremos hacer.
Antes de la entrada del pecado, el hombre poseía una buena inclinación que lo capacitaba para escoger el bien. Es esta inclinación hacia lo bueno la que perdimos en la caída (comp. Gn. 6:5; Rom. 8:7). Nuestra habilidad natural permanece intacta luego del pecado original en el sentido de que seguimos teniendo la habilidad de escoger. Lo que perdimos fue la inclinación hacia la justicia y la obediencia.
En palabras más claras, el hombre todavía puede escoger las cosas de Dios si las quisiera. El problema es que él no las quiere. Es esa pérdida del deseo de Dios y de las cosas de Dios lo que subyace en el corazón del pecado original (Ef. 4:17-18).
Así que podemos decir que el hombre posee la habilidad natural de escoger a Dios, pero carece de la habilidad moral para hacerlo. Solo la gracia divina puede capacitarnos para ello a través del nuevo nacimiento (comp. Ez. 36:26-27; Jn. 3:1-10; 6:44).
Lo que sucederá en nuestra glorificación es que todo deseo por el pecado será totalmente removido de nosotros. Seguiremos siendo libres de escoger lo que queramos, pero solo escogeremos el bien porque es lo único que desearemos.

© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

Las bendiciones espirituales y el evangelio de la prosperidad


En Ef. 1:3 Pablo dice que Dios nos bendijo “con toda bendición espiritual en los lugares celestiales”. Esta es una declaración que debe ser resaltada en esta época tan materialista en que nos ha tocado vivir. Vivimos en una sociedad que idolatra la salud, las riquezas, la buena vida; y lo más triste de todo esto es que algunos han querido acomodar el mensaje del evangelio a esa forma de pensar.
Por eso tantas personas hoy día han abrazado el llamado “evangelio de la prosperidad”: si somos cristianos, dicen algunos, debemos prosperar económicamente, debemos disfrutar de muchas posesiones, porque somos hijos del Rey, y debemos vivir como tales.
“El evangelio… de la prosperidad – ha dicho Warren Wiersbe – trata de hacernos creer que la mayor preocupación de Dios es hacernos felices, no santificarnos, y que se preocupa más por nuestro bienestar físico y material que por el moral y espiritual. El ‘dios de la prosperidad’ es un mensajero celestial cuya única responsabilidad es responder a todos nuestros llamados y asegurarse de que estemos gozando de la vida”.
Pero lo cierto es que nuestro bendito Salvador no murió en una cruz para darnos riqueza, salud y una vida cómoda y placentera en esta vida terrenal, sino para hacernos santos y luego llevarnos a Su presencia para participar de Su gloria. Los cristianos vivimos en este mundo, y por lo tanto, disfrutamos de los bienes terrenales que Dios derrama sobre todos los hombres. Pero no debemos olvidar que son bienes temporales.
“Nada hemos traído a este mundo, dice Pablo en 1Tim. 6:7, y sin duda nada podremos sacar”. Cuando concluya nuestro tiempo aquí dejaremos atrás todas esas cosas. Eso es lo que el hombre incrédulo parece ignorar. Vive para las cosas de este mundo como si eso fuera todo, y de ese modo desprecia las verdaderas riquezas.
Pero los creyentes somos distintos. Aunque vivimos en este mundo, y disfrutamos de las mismas cosas lícitas que los demás disfrutan, vivimos con la conciencia de que somos ciudadanos del cielo, y que como tales disfrutamos de enormes privilegios que no todos los hombres disfrutan. Y es acerca de esos privilegios que Pablo está hablando en este pasaje de Efesios 1.
Por el momento vivimos en este mundo, pero realmente pertenecemos a otro lugar. Y aunque nos es lícito disfrutar de las bendiciones temporales que Dios derrama sobre todos los hombres, en ningún momento debemos olvidar que somos extranjeros y peregrinos en esta tierra (1P. 2:11).
“Nuestra ciudadanía está en los cielos”, dice Pablo en Fil. 3:20, y esa ciudadanía encierra grandes privilegios. Hemos sido bendecidos “con toda bendición espiritual en los lugares celestiales”. No con algunas, sino con todas. Somos ciudadanos del cielo con todos los derechos que esa ciudadanía encierra. No hay ciudadanos de segunda clase aquí.
Nos relacionamos con Dios como nuestro Padre, podemos entrar cuantas veces queramos al trono de la gracia, tenemos el poder de Dios obrando a nuestro favor, sabemos que Él controla todas las cosas para nuestro bien, y nos gozamos en la esperanza ciertísima de la vida eterna. En otras palabras, aunque no hemos llegado al cielo, ya comenzamos a disfrutar un anticipo de él.
Por eso no importa si tenemos poco o mucho de los bienes de este mundo; si somos creyentes genuinos, nuestro verdadero disfrute, nuestro más profundo deleite, son esas bendiciones espirituales de las que Pablo habla en esta carta, y que Dios nos ha concedido libremente en Cristo.

© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Amor




 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso,
no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda
rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo
cree, todo lo espera, todo lo soporta.
1 CORINTIOS 13.4– 7


La búsqueda más difícil es la de la verdad y el amor.
Esta frase es gramaticalmente correcta. Sé que todos los maestros quisieran
pluralizar esta frase y decir: Las búsquedas más difíciles son la de la verdad y la del
amor. Pero eso no es lo que quiero decir.
El amor es una búsqueda difícil.
La verdad lo es también.
Pero pon las dos juntas, busca la verdad y el amor al mismo tiempo y sujétate
firmemente, pues experimentarás la mayor aventura de tu vida.
Amor en la verdad. Verdad en el amor. Nunca uno a expensas del otro. Nunca
el abrazo del amor sin la antorcha de la verdad. Nunca el calor de la verdad sin la
calidez del amor.
Buscar ambas cosas es nuestra tarea principal.
por Max Lucado

El Que Te Llama - Victor Manuelle / La Salsa De La Fe


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Buenos Días

 Hoy mi corazón está lleno de gratitud. Gracias, Señor, porque tus "no" son una protección y tus "sí" son una bendición ...