lunes, 28 de noviembre de 2011

Hablemos de la obra redentora de Cristo








Parece ser que muchos se han hecho expertos en la predicación de la fe, del pensamiento positivo, del liderazgo, de estrategias para ganar multitudes. Pero sería bueno recordar que el mensaje del enemigo no es anti-fe, ni anti-iglesia, sino anti-Cristo. Porque siempre que la obra redentora de Cristo es echada a un lado para predicar de cualquier otra cosa nuestro mensaje pierde su poder. Cuando el Sacrificio de Cristo y su Resurrección son predicados el infierno tiembla. 

"Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado." (1 Corintios 2:1-2)

por: Isaias Fernandez

Musica Cristiana Mix

domingo, 27 de noviembre de 2011

Esperanza


Esperanza ...
Este mundo será un lugar de pruebas y tribulaciones, pero, nosotros, los cristianos tenemos seguridad. No perdamos la esperanza porque Dios nos ha prometido paz, gozo y vida eterna. Por lo tanto, enfrentemos cada día con esperanza en nuestros corazones y confianza en nuestro Dios. 
Ninguna religión, ninguna filosofía promete corazón nuevo y mente nueva. Solamente en el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo encuentran las personas heridas tan increíble esperanza. 
Joni Eareckson Tada
"Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer,
para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo"
Romanos 15:13

UN MENSAJE POR GEORGE CARLIN

UN MENSAJE POR GEORGE CARLIN

La paradoja de nuestro tiempo es que tenemos edificios más altos y temperamentos más reducidos, carreteras más anchas y puntos de vista más estrechos. Gastamos más pero tenemos menos, compramos más pero disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes y familias más chicas, mayores comodidades y menos tiempo. Tenemos más grados académicos pero menos sentido común, mayor conocimiento pero menor capacidad de juicio, más expertos pero más problemas, mejor medicina pero menor bienestar.

Bebemos demasiado, fumamos demasiado, despilfarramos demasiado, reimos muy poco, manejamos muy rápido, nos enojamos demasiado, nos desvelamos demasiado, 
amanecemos cansados, leemos muy poco, vemos demasiado televisión y oramos muy rara vez.

Hemos multiplicado nuestras posesiones pero reducido nuestros valores. Hablamos demasiado, amamos  poco y odiamos muy frecuentemente.

Hemos aprendido a ganarnos la vida, pero no a vivir. Añadimos años a nuestras vidas, no vida a nuestros años. Hemos logrado ir y volver de la luna, pero se nos dificulta cruzar la calle para conocer a un nuevo vecino. Conquistamos el espacio exterior, pero no el interior. Hemos hecho grandes cosas, pero no por ello mejores.

Hemos limpiado el aire, pero contaminamos nuestra alma. Conquistamos el átomo, pero no nuestros prejuicios. Escribimos más pero aprendemos menos. Planeamos más pero logramos menos. Hemos aprendido a apresurarnos, pero no a esperar. Producimos computadoras que pueden procesar mayor informacion y difundirla, pero nos comunicamos cada vez menos y menos.

Estos son tiempos de comidas rápidas y digestión lenta, de hombres de gran talla y cortedad de carácter, de enormes ganancias económicas y relaciones humanas superficiales. Hoy en día hay dos ingresos pero más divorcios, casas más lujosas pero hogares rotos. Son tiempos de viajes rápidos, pañales desechables, moral descartable, acostones de una noche, cuerpos obesos, y píldoras que hacen todo, desde alegrar y apaciguar, hasta matar. Son tiempos en que hay mucho en el escaparate y muy poco en la bodega. Tiempos en que la tecnología puede hacerte llegar esta carta, y en que tu puedes elegir compartir estas reflexiones o simplemente borrarlas.

Acuérdate de pasar algún tiempo con tus seres queridos porque ellos no estarán aqui siempre.


Acuérdate de abrazar a quien tienes cerca porque ese es el único tesoro que puedes dar con el corazón, sin que te cueste ni un centavo.

Acuérdate de decir te amo a tu pareja y a tus seres queridos, pero sobre todo dilo sinceramente. Un beso y un abrazo pueden reparar una herida cuando se dan con toda el alma.

Acuérdate de tomarte de la mano con tu ser querido y atesorar ese momento, porque un día esa persona ya no estará contigo.

Date tiempo para amar y para conversar, y comparte tus mas preciadas ideas.

Y siempre recuerda:

La vida no se mide por el número de veces que tomamos aliento, sino por los extraordinarios momentos que nos lo quitan.

por: George Carlin

El Elogio de la Lentitud

 
Vivir de prisa no es vivir, es sobrevivir”.

Carl Honoré, uno de los principales teóricos de la Filosofía Slow, famoso por su libro premiado Elogio de la Lentitud, sostiene que la hiperactividad actual nos lleva a dedicar nuestras energías a otras metas que nos hacen olvidar las cosas importantes de la vida. Sufrimos la Enfermedad del Tiempo creyendo que todo se debe hacer rápido. Intentemos decrecer el ritmo alocado en qué vivimos para no degradarnos nosotros mismos. Simplemente reduzcamos la marcha y busquemos el tiempo justo para cada cosa; saboreemos cada momento priorizando lo imprescindible.

Confianza, no condenación

Confianza, no condenación


Primera de Juan 3:20, 21 nos habla de la condenación en nuestro corazón. Un corazón que condena, roba la confianza. Todo el que quiera ser un cristiano victorioso, debe aprender a manejar la condenación. Cuando peca, él necesita saber cómo sacárselo rápidamente de encima y seguir adelante, porque nadie es perfecto. Él puede tener un corazón perfecto, un corazón que genuinamente ama a Dios y busca complacerlo, pero sigue no siendo perfecto en cada pensamiento, palabra y obra.
Yo sé cuán condenador es enseñar a otros lo que es correcto y luego meter la pata en esa misma área. Cuando hacemos cosas como ésa, sentimos una doble dosis de condenación, porque el diablo nos dice: “Tú más que el resto de la gente deberías saberlo bien”. Si le prestamos oídos, nos hará sentir que no merecemos el amor de Dios.
Debemos ser capaces de quitarnos de encima los sentimientos de condenación. Si no podemos hacerlo, no estamos confiando en Dios. Sin confianza, nuestra fe no puede obrar, y sin fe, no podemos agradar a Dios ni recibir de Él las cosas que necesitamos para hacer lo que nos ha llamado a hacer.
Es por eso que Proverbios 4:23 nos enseña a guardar nuestro corazón con toda diligencia y nos recuerda que de nuestro corazón fluye la vida. Dios nos da convicción de que hemos obrado mal; Él no nos condena. La convicción nos ayuda a arrepentirnos y a ser sacados de nuestros problemas; la condenación sólo nos empuja hacia abajo y nos hace sentir mal con nosotros mismos.
Romanos 8:33-34 dice que Dios nos justifica; Él no levanta cargos contra nosotros. Jesús no nos condena: Él murió por nosotros. Está sentado a la derecha del Padre, y, en realidad, alega e intercede por nosotros (vea Romanos 8:34). He aprendido de esta escritura que cuando me siento condenada, o me estoy haciendo caso a mí misma o al diablo. Sométase siempre a la convicción de Dios, pero resista la condenación de Satanás.
—Tomado de La Biblia de la vida diaria, de Joyce Meyer

La Gracia de Dios Y El Perdón

Donde no existe la gracia de Dios, nace la amargura.
Pero cuando se abraza la gracia de Dios, el perdón florece.

En la que muchos consideran la carta final de Pablo, este insta a Timoteo a que se esfuerce “en la gracia que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 2.1).

Cuánta percepción hay en esta última exhortación. Pablo no insta a Timoteo a esforzarse en la oración, ni en el estudio bíblico, ni en la benevolencia, vital como cada una de estas cosas pudiera ser.

Quiere que su hijo en la fe se especialice en la gracia. Anhela este territorio. Mora en esta verdad. Si se pierde algo, que no sea la gracia de Dios.

Cuanto más caminemos en el jardín, más se nos pegará el aroma de las flores. Cuanto más nos sumerjamos en la gracia, más daremos gracia. ¿Pudiera ser esta la clave para enfrentar la ira? ¿Pudiera ser que el secreto no es exigir el pago sino meditar en lo que tu Salvador pagó?

¿Rompe tu amigo sus promesas? ¿No hizo honor a sus palabras tu jefe? Lo lamento, pero antes de hacer algo, responde esta pregunta: ¿Cómo reacciona Dios cuando rompes las promesas que le haces?

¿Te han mentido? El engaño duele. Pero antes de que contraigas los puños, piensa: ¿Cómo respondió Dios cuando le mentiste?

¿Te han echado a un lado? ¿Te han olvidado? ¿Te han dejado atrás? El rechazo duele. Pero antes de desquitarte, sé franco contigo mismo. ¿Alguna vez has descuidado a Dios? ¿Has estado siempre atento a su voluntad? Ninguno lo ha estado. ¿Cómo reacciona Él cuando lo descuidas?

La clave para perdonar a otros es dejar de mirar lo que te hicieron y empezar a mirar lo que Dios hizo por ti.

Pero, Max, ¡eso no es justo! Alguien tiene que pagar por lo que este hombre me hizo. Estoy de acuerdo. Alguien debe pagar, y Alguien ya lo ha hecho.

No comprendes, Max, este hombre no merece gracia. No merece misericordia. No es digno de perdón. No digo que lo sea. Pero, ¿lo eres tú?

Además, ¿qué otra alternativa tienes? ¿Odio? La alternativa no es atractiva. Mira lo que ocurre cuando te niegas a perdonar:

“Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que debía” (Mateo 18.34).

Los siervos que no perdonan siempre acaban en prisión. Prisiones de ira, culpa y depresión. Dios no tiene que meternos en la cárcel; creamos una propia. “Hay quienes llegan a la muerte llenos de vigor, felices y tranquilos… Otros, en cambio, viven amargados y mueren sin haber probado la felicidad” (Job 21.23-25, VP).

Ah, el apretón gradual del odio. Su daño empieza como una rajadura en el parabrisas. Gracias a un camión que corría a toda velocidad por una carretera de grava, mi parabrisas sufrió un deterioro.

Con el tiempo la muesca se hizo una rajadura y esta se convirtió en una serpenteante fisura. Pronto, el parabrisas era una telaraña de fragmentos. No podía conducir mi automóvil sin pensar en el tonto que condujo su camión demasiado rápido.

Aun cuando nunca pude verlo, podía describirlo. Sin duda es un vagabundo insensible que le es infiel a la esposa, conduce con una decena de cervezas en su asiento y sube el volumen del televisor tan alto que los vecinos no pueden dormir. Su descuido bloqueó mi visión. (Tampoco hizo gran cosa por mi vista fuera del parabrisas).

¿Has oído alguna vez la expresión “ira ciega”?
Permíteme ser muy claro. El odio te amargará la perspectiva y te romperá la espalda. La amargura es una carga sencillamente demasiado pesada. Las rodillas se doblarán por el esfuerzo y el corazón se romperá bajo el peso.

La montaña que tienes delante es ya bastante empinada sin el peso del odio en la espalda. La alternativa más sabia, la única alternativa, es que deseches la ira. Jamás te llamarán a que des a nadie más gracia de la que Dios ya te ha dado.

Durante la Segunda Guerra Mundial un soldado alemán se lanzó a un cráter de mortero fuera del camino. Allí encontró a un enemigo herido. El soldado caído estaba empapado en sangre y a minutos de la muerte.

Conmovido por la suerte del hombre, el alemán le ofreció agua. Mediante esta pequeña bondad se formó un vínculo. El moribundo señaló el bolsillo de su camisa; el alemán sacó de allí una billetera y de esta unos retratos de familia. Los sostuvo frente al herido para que este pudiera contemplar a sus seres queridos por última vez.

Con las balas silbando por encima de sus cabezas y la guerra rugiendo a su alrededor, estos dos enemigos fueron, por unos momentos, amigos.

¿Qué ocurrió en ese cráter de mortero? ¿Cesó todo el mal? ¿Se arreglaron todas las ofensas? No. Lo que ocurrió fue simplemente esto: Dos enemigos se vieron cada uno como humanos necesitados. Esto es perdón.

El perdón empieza al elevarse por encima de la guerra, al mirar más allá del uniforme y al decidir ver al otro, no como un enemigo y ni siquiera como amigo, sino solo como un compañero de luchas que anhela llegar seguro a casa.

Tomado del libro: En manos de la gracia

Por: Max Lucado

Buenos Días

 Hoy mi corazón está lleno de gratitud. Gracias, Señor, porque tus "no" son una protección y tus "sí" son una bendición ...