jueves, 1 de diciembre de 2011

Bondad


Bondad ...
Si hemos de seguir los mandatos de nuestro Señor y Salvador, debemos de sembrar semillas de bondad donde quiera que vayamos. Por medio de la bondad es que Dios se mueve. Así debemos de hacer nosotros también. Por lo tanto, seamos hoy más bondadosos de lo necesario, y enseñemos a nuestros familiares y amistades el arte de la bondad a través de nuestras palabras y nuestras obras. La gente está mirando ... y Dios también.
Haz todo el bien que puedas, por todos los medios que puedas, en todas las formas que puedas, en todos los lugares que puedas, todas las veces que puedas, a todas las personas que puedas ... mientras puedas.
John Wesley 
"... De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos
mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis"
Mateo 25:40

El Temor de Dios en la Biblia

El Temor de Dios en la Biblia


Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a Aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.
Apocalipsis 14:7



Qué es el temor de Dios? ¿Significa vivir con miedo constante? ¿Significa vivir aterrorizado, como cuando alguien te persigue? ¿Es vivir con la idea de que Dios tiene un martillo listo para hacernos pedazos por el más mínimo pecado que cometamos?
Las personas cuyos padres han abusado de ellas física o emocionalmente pueden confundir el temor de Dios con el malsano temor de un padre o una madre abusivos. Tristemente, es posible que algunos de nosotros no sepamos lo que significa caminar en el temor de Dios.
La palabra ‘temor’ describe a una persona que reconoce la superioridad, el poder, la pureza y la posición de otra persona, y le ofrece respeto. Podía pensarse que algunos de nosotros estamos perdiendo nuestro sentido de reverencia y asombro en nuestra relación con el Señor. Isaías contempló la gloria del Señor y dejó constancia asombrado de la alabanza celestial: «Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos».
El temor de Dios es una asombrada reverencia hacia el Señor que ejerce un papel de motivo controlador de la vida en los asuntos espirituales y morales. No es un terror por su asombroso poder y justa retribución, sino un saludable temor a desagradarle. Cuando leemos sobre el temor del Señor en las Escrituras, ello no nos hace acobardarnos ante su presencia por temor a ser golpeados o avergonzados. Es el pensamiento de someternos al Dios Creador, quien está en total control de su creación y es merecedor de todo respeto, amor, alabanza y reconocimiento de su señorío. Es el apasionado anhelo de vivir en obediencia a su voluntad.
El temor del Señor es un concepto saludable para el creyente. Es un asombro reverente, es temor de ofender de alguna manera a un Dios santo. No es asentimiento intelectual, sino un estado de consciencia con la que el cristiano vive continuamente. Es el resultado de rendirse diariamente a Cristo.
«Los ojos de Jehová están en todo lugar. Mirando a los malos y a los buenos» (Prov. 15: 3). Si somos conscientes de esto se producirá en nuestra alma un saludable temor, que nos librará de mucho dolor y muchas desgracias.
Son muchas las promesas para los que temen al Señor. Los ángeles de Dios los acompañan para protegerlos. Teme a Dios, y encontrarás más fácil el camino de la vida. El corazón del Señor se complace en los que le temen.
 Fuente: DevocionalDiario.org

¿Qué tengo delante de mí?

Lectura: Éxodo 4:1-5.


"Y Jehová dijo [a Moisés]: ¿Qué es eso que tienes en tu mano?" Éxodo 4:2

Si tiendes a desesperar por las oportunidades perdidas o si te preocupa el futuro, pregúntate esto: «¿Qué tengo delante de mí?». En otras palabras, ¿de qué circunstancias o relaciones interpersonales dispones en este momento? Esta pregunta puede quitar tu mente del pasado o de un futuro atemorizante y enfocarla en lo que Dios puede hacer en tu vida.
 Se asemeja a lo que Dios le preguntó a Moisés en la zarza ardiente. Este hombre estaba preocupado, y al ser consciente de su propia debilidad, expresó su temor en cuanto al llamado del Señor para que liberara al pueblo de Israel de la esclavitud. Entonces, el Señor simplemente le preguntó: «¿Qué es eso que tienes en tu mano?» (Éxodo 4:2). Dios hizo que Moisés dejara de preocuparse particularmente por el futuro y le sugirió que observara lo que tenía justo delante de él: la vara de un pastor. El Señor le mostró que podría usar esa simple caña para realizar milagros, como una señal para las personas incrédulas. A medida que crecía la confianza de Moisés en Dios, así también aumentaba la magnitud de las maravillas que el Señor hacía por medio de Su siervo.

¿Piensas demasiado en los fracasos del pasado? Recuerda la pregunta del Señor: «¿Qué es eso que tienes en tu mano?». ¿Qué circunstancias y vínculos presentes puede Él utilizar para tu beneficio y para Su gloria? Coloca estas cosas —y tu vida— en manos de Dios.

Reflexión: No puedes cambiar el pasado, pero arruinarás el presente si te preocupas por el futuro.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

En el nombre de Jesucristo


“Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda” (Hechos 3:6 RV 1960).

He pasado estos últimos días arreglando   la última  ropa y bienes personales de  mi mamá, clasificando y buscando y empaquetando la gran mayoría de ello para donar al “Salvation Army”. (Para ser sincera, no dejó  mucho, porque ya  ella había regalado la mayor parte de ello mientras  estaba todavía aquí con nosotros). Puse todo en el pórtico de enfrente, llamé para que lo recogieran, y desde ayer por la mañana, se fue todo. ¿Un extraño sentimiento, verdad? Sabemos que sólo estamos aquí durante un corto tiempo y que la vida eterna está más allá, mucho mejor que algo que podemos experimentar en este estado temporal. Pero el viejo refrán, “No te lo puedes llevar todo,” toma una nueva profundidad de realidad cuando consideramos los bienes materiales que  un ser querido ha dejado después “de graduarse  al cielo.” Saber que nada de lo que  acumulamos aquí en la tierra — ya sean billones de dólares o sólo lo suficiente para mantener  una pobre existencia  — nos acompañarán en aquel viaje final por el valle de la sombra de muerte debería darnos una pausa, cuando consideramos aquellas cosas que tienen un valor eterno. Pedro  lo clavó cuando él le dijo al hombre paralitico, “no tengo ni plata ni oro, pero lo que tengo te doy, en el nombre de Jesús de Nazaret, levántate y anda.” Son esas  cosas que hacemos en nombre de Jesús de Nazaret que nos seguirán al cielo. El tiempo que dedicamos para contarles a los demás  sobre el gran amor del Padre, un amor tan grande  que Él envió a Su único Hijo a morir por nosotros; los tiempos que  lloramos  y oramos por seres queridos que se encuentran  perdidos y hasta por  naciones perdidas en la oscuridad; los regalos que dimos de nuestras propias necesidades más bien que de  nuestra abundancia. Aquel por  cuyo nombre lo hacemos – Jesús de Nazaret- lo ve todo, aunque a veces pueda parecer que  nadie lo ve ni  se preocupa. La plata y el oro serán dejados  cuando respiramos nuestro último suspiro, pero nuestra herencia de todo lo  que hicimos en nombre de Jesús seguirá por toda  la eternidad. Y esto es algo  que permanecerá cuando nuestros hechos sean juzgados y recibamos la corona del cielo — que pondremos prontamente y con gozo en los pies del Salvador. ¡Que demos  nosotros diariamente todo lo que podamos en el nombre incomparable de Jesucristo de Nazaret!

**por: Kathi Macias Desde el corazón del Padre

CÓMO VER LO QUE OJO NO VE

CÓMO VER LO QUE OJO NO VE

Estoy de pie a poca distancia de una cama. Nadie se ríe. La habitación tiene aspecto solemne. Una máquina bombea aire hacia un cuerpo cansado. Un monitor mide el ritmo de los latidos de un agotado corazón. La mujer en la cama no es ninguna niña, pero lo fue. Hace décadas. Lo fue. Pero no ahora A sólo días de haber estado en el quirófano, acaban de informarle que debe regresar allí. Su débil mano aprieta la mía. Sus ojos se humedecen de temor.

No ve padre alguno. Pero el Padre la ve a ella. Confía en Él, digo para bien de ambos. Confía en la voz que susurra tu nombre.

Estoy sentado ante una mesa enfrentado a un hombre bueno. Bueno y asustado. Su temor tiene asidero. Las acciones han bajado. La inflación ha subido. No es que haya malgastado ni apostado ni jugado. Ha trabajado intensamente y ha orado con frecuencia, pero ahora tiene temor. Debajo del traje de franela se oculta un tímido corazón.

Revuelve su café y fija en mí su vista con los ojos de Coyote que acaba de darse cuenta que ha corrido hasta más allá del borde del precipicio. Está a punto de caer y caer rápidamente. Es Pedro sobre el agua., que mira la tormenta en lugar del rostro. Es Pedro en medio de las olas, que escucha el viento y no la voz.

Confía lo animo. Pero la palabra cae como una piedra. No está acostumbrado a algo tan extraño. Es un hombre de lógica. Aun cuando el barrilete se remonta por detrás de las nubes sigue sosteniendo la cuerda. Pero ahora la cuerda se ha resbalado. Y el cielo está en silencio.

Estoy de pie a poca distancia de un espejo y veo el rostro de un hombre que fracasó… le falló a su Creador otra vez. Prometí que no lo haría, pero lo hice. Me mantuve callado cuando debí haber sido denodado. Me senté cuando debí haber adoptado una postura.

Si esta fuera la primera vez, sería diferente. Pero no lo es. ¿Cuántas veces puede uno caer y tener la expectativa del rescate?

Confiar. ¿Por qué resulta fácil decírselo a otros y tan difícil recordárselo uno mismo? ¿Sabe Dios qué hace con la muerte? A la mujer le dijo que sí. ¿Sabe qué hace con la deuda? Eso fue lo que le comuniqué al hombre. ¿Puede Dios escuchar otra confesión de estos labios?

El rostro en el espejo pregunta.

Estoy de pie a pocos metros de un hombre condenado a muerte. Judío de nacimiento. Fabricante de carpas de oficio. Apóstol por llamado. Sus días están contados. Tengo curiosidad por saber qué es lo que sostiene a este hombre al aproximarse su ejecución. Así que le hago unas preguntas.

¿Tienes familia, Pablo? Ninguna.

¿Qué tal su salud? Mi cuerpo está golpeado y cansado.

¿Cuáles son tus posesiones? Tengo mis pergaminos. Mi pluma y un manto.

¿Y tu reputación? Pues, no vale mucho .Para algunos soy un hereje, para otros un indómito.

¿Tienes amigos? Sí, pero incluso algunos de ellos se han echado atrás.

¿Tienes galardones? No en la tierra.

Entonces, ¿Qué tienes, Pablo? Sin posesiones. Sin familia. Criticado por algunos. Escarnecido por otros. ¿Qué tienes Pablo? ¿Qué cosa tienes que valga la pena?

Me reclino en silencio y espero. Pablo cierra su puño. Lo mira. Yo lo miro. ¿Qué es lo que sostiene? ¿Qué tiene?

Extiende su mano para que la pueda ver. Al inclinarme hacia delante, abre su puño. Observo su palma. Está vacía.

Tengo mi fe. Es todo lo que tengo. Pero es lo único que necesito. He guardado la fe.

Pablo se reclina contra la pared de su celda y sonríe. Y yo me reclino contra la pared y fijo la vista en el rostro de un hombre que ha aprendido que la vida es más de lo que el ojo percibe.

Pues de eso se trata la fe. La fe es confiar en lo que el ojo no puede ver.

Los ojos ven al león que se acerca. La fe ve el ángel de Daniel.

Los ojos ven tormentas. La fe ve el arcoiris de Noé.

Tus ojos ven tus fallas. Tu fe ve a tu Salvador.

Tus ojos ven tu culpa. Tu fe ve su sangre.

Tus ojos ven tu tumba. Tu fe una ciudad cuyo constructor y creador es Dios.

Tus ojos miran al espejo y ven un pecador, un fracasado, un quebrantador de promesas. Pero por fe miras al espejo y te ves como pródigo elegantemente vestido llevando en tu dedo el anillo de la gracia y en tu rostro el beso de tu Padre.

Pero aguarda un minuto, dice alguien. ¿Cómo sé que esto es cierto? Linda prosa, pero quiero hechos. ¿Cómo sé que estas no son sólo vanas esperanzas?

“El poder de Dios es muy grande para los que creen”, enseña Pablo. “Ese poder es como la acción de su fuerza poderosa, que ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos” (Efesios 1:19-20)

La próxima vez que te preguntes si Dios te puede perdonar, lee ese versículo. Las mismas manos que clavaron a la cruz están abiertas para ti.

por: Max Lucado

Yo Soy...



Éxodo 3:14: “Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.”
 
¿Ha notado alguna vez que el título con el que Dios escogió describirse es una frase incompleta? La mayoría de las personas terminarían esa frase: “Yo soy…” Pero no nuestro Señor. Él adrede no completó la frase. “YO SOY.” Él es. ¿Tiene hambre? Él es el pan. ¿Está en tinieblas? Él es la luz. ¿Está usted en busca de algo? Él es la verdad. ¿Está perdido? Él es el camino. ¿Está usted en necesidad? Él es su Pastor.

¿Qué está usted dependiendo que Dios le supla hoy? Confíe en Él ahora mismo, Él suplirá su necesidad.
por: Adrian Rogers / Tesoros de la Palabra

Buenos Días

 Hoy mi corazón está lleno de gratitud. Gracias, Señor, porque tus "no" son una protección y tus "sí" son una bendición ...